La noche, como todas las noches de verano en esta ciudad, es calurosa, a veces casi asfixiante. Me he despertado por el calor, sediento, empapado en sudor.
Duermes plácidamente a mi lado. Es ya de madrugada, la ciudad descansa tranquila. Ni un alma en la calle, apenas el ruido de algún coche al pasar de cuando en cuando se cuela por la ventana abierta.
Aplaco mi sed con agua bien fría, acerco el vaso a mi frente… Algo llama mi atención en la calle. Salgo a la galería. La calle esta desierta. No hay luces en los pisos cercanos, todo el mundo duerme. Fuera la atmósfera está más ligera. Se respira mejor. El silencio me envuelve.
Te oigo llegar a al cocina. También te paras a beber agua. La luz de la nevera ilumina tenuemente la oscuridad que me rodea. Oigo tus pasos. Te colocas detrás de mí. Me abrazas. Tus brazos bajo los míos, noto tus senos en mi espalda, tu sexo contra mí. Comienzas a besarme la espalda, jugueteas con mi vello…
El juego y la situación me excitan. Te dejo hacer. Tus besos son cálidos, dulces, húmedos… Sonrío muerto de placer. Cierro los ojos. Demoro el momento de darme la vuelta.
Me masajeas el cuello, y tus labios van descendiendo por mi espalda… tus manos les acompañan a corta distancia.
Llega a mi trasero, me encanta como lo acaricias, como lo besas… Tu manos pasan por mis caderas y buscan mi sexo ya erecto… Instintivamente me echo hacia atrás, juegas con mi pene, lo acaricias experta.
Es el momento de darme al vuelta, no puedo aguantar más… Y en ese instante en que me giro aprovechas para ponerte en pie.
Te miro sorprendido. Me besas dulcemente en los labios y susurras que es hora de volver a dormir…
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