A orillas del mismo mar
El fin de semana en la playa ha sido balsámico. He vuelto relajado. Nada me hacía más falta que pisar la playa, “esa” playa en concreto.
Necesitaba sentir la suave caricia del viento en mi piel. Recibir el abrazo del mar, su cálida bienvenida, acogiéndome, meciéndome, masajeándome. Ansiaba adormecerme sobre la arena, dorada, que me traía a la mente la imagen de aquella arena con que me regalaste, la arena de tu pequeño paraíso.
No me ha sido difícil traerte a mi lado. Sentirte pegadita a mí. Rozando levemente mi piel con tu piel. Tu presencia deseada, ansiada, era casi real. La imaginación echó a volar. Dejé que surcara el cielo, que creara situaciones, que plasmara deseos, anhelos…
Nos hemos bañado juntos cuando el día apenas había amanecido. El frescor del agua nos ha erizado la piel. Nos hemos abrazado en el agua, sintiéndonos por completo. Y después, tranquilamente tumbados sobre la arena, hemos dejado que el sol secara nuestros cuerpos.
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