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Hego haizea

En la distancia…

Hablo por teléfono contigo y no puedo dejar de pensar en cómo irás vestida, si es que lo estás.

Recuerdo el valle que forman tus senos, ese balcón al que tanto me gusta asomarme, y deseo soltar un botón más. Y después otro, y otro, y otro.

Disfruto el pasearme por tu piel. Y disfruto cuando veo que tú también disfrutas.

Vuelven imágenes a mi mente. Retorno a aquel día. Subes al coche con tu vestido verde, negro y blanco. Ése que al sentarte se recoge en tus piernas y me regala con una más amplia visión de tus muslos. Tentadora, provocadora visión. Y entonces decidiste ponerte cómoda para viajar.

Atento al tráfico, no me di cuenta de lo que hacías hasta que comentaste algo al respecto. En ese instante guardabas, cuidadosamente doblado, tu sujetador en tu bolso. Te miré y sonreí. Por entre los botones desabrochados pude entrever la forma de tus senos, volvía sonreír.

Cuando quiero ser consciente mi mano juguetea entre el vello púbico. Tu voz suena al otro lado del hilo telefónico cuando acaricio mi sexo, descubriendo el glande…

No sé por qué me torturo.

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