Anoche tuve un sueño (IV y fin)
<i>El baño se llena de gritos, jadeos, gemidos… Me vacío en ti, te lleno de mí.</i>
“A esto me refería cuando en otros encuentros te decía que no te ibas a ir”. Tus palabras confirman lo que yo también pensaba. Tenemos mucho peligro juntos, como la yesca y la chispa.
Acabamos la ducha y nos preparamos un reconstituyente desayuno, nos lo merecemos, nos lo hemos ganado. Hemos preparado la mesa en el jardín, disfrutando del sol matutino, oyendo los pájaros, disfrutando de la paz que se respira, alegrándonos la vista con las plantas y flores que lo pueblan. El mundo acaba en las paredes que lo conforman.
Me he puesto el pareo que me regalaste, sé que te gusta verme con él, aunque siempre acabes quitándomelo.
Acabamos de desayunar, con pausa, sin las habituales prisas de los días en los que el reloj manda pues toca ir a trabajar. Mientras yo recogía la mesa, decidiste ponerte a tomar el sol en el jardín.
Cuando terminé, y ya volvía hacia el jardín a tumbarme a tu lado, una idea nació en mi mente. Antes de que te dieras cuenta volví sobre mis pasos. Apenas un minuto después te acompañaba al sol.
Tumbada boca arriba, abandonada al disfrute de las caricias del sol sobre tu piel, me ofrecías una imagen turbadora, más diría aún. Tus piernas levemente separadas, marcado el triángulo que forman tus muslos, ese imán del que no puedo escapar. Y esta vez no fue diferente. Dejé caer el pareo, me acerqué a ti casi reptando, abriéndome sitio, separándote las piernas, para llegar a tu sexo y dedicarme a ti.
Acaricié, besé, lamí, sorbí, jugueteé, penetré con mi lengua. Arqueabas tu cuerpo, te movías, gemías, te acariciabas, pellizcabas tus pezones. Tu excitación crecía.
Me suplicaste, me ordenaste “ven quiero tu polla en mi boca”, y no pude menos que complacerte. No fue ningún sacrificio, también a mí me apetecía, me moría por sentir tu boca, tus labios, tu saliva comiéndome.
A la vez tenía que controlar el tiempo que había pasado, si no, mi sorpresa podría irse al garete. Eso hacía crecer mi excitación. Hasta que oí el sonido característico. ¿Qué es eso?. Rápidamente saliste de dudas, una lluvia de agua fría y pulverizada nos baño, el riego automático reprogramado nos estaba bañando. Volvimos a darnos placer, aumentado con la excitación provocada por la lluvia sobre nuestros cuerpos.
Cuando acabamos, jadeantes y sudorosos nos dimos cuenta que ahora sí, el tiempo se nos echaba encima. “Habrá que prepararse”. “sí”, me contestaste, “pero anda de duchas compartidas. Ya hemos tenido bastante por hoy y se supone que mi tren llega en una hora”.
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